Brasil: Pérdidas y ganancias

No debemos centrarnos solo en las ganancias y pérdidas monetarias, ni solo en sus consecuencias. Necesitamos acciones que reviertan pérdidas y ganancias en beneficios para la sociedad.

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Edson Vismona | Examen/Brújula
21/03/2022

Al identificar las pérdidas ocasionadas por una acción, buscamos demostrar las pérdidas en valores para facilitar la comprensión y alcance de los daños.

Así, al estimar el impacto del mercado ilegal; el tamaño de la informalidad y el litigio tributario, extraemos cifras que reflejan las pérdidas y, en consecuencia, las ganancias si este espacio fuera ocupado por la legalidad, la formalidad y la racionalidad en la aplicación de nuestro sistema tributario.

Tenemos instituciones que desarrollan métricas tratando de medir la dimensión de estas desviaciones.

ETCO desarrolló con IBRE/FGV el índice de economía sumergida realizado desde 2003 y que en 2021 alcanzó la cifra de R$ 1.3 billones, lo que representa el 16,8% del PIB brasileño y con la consultora EY patrocinó un estudio internacional que constató que el impuesto de litigios, en las instancias administrativa y judicial, alcanza la asombrosa suma de R$ 3.4 billones.

En cuanto a la informalidad en el comercio minorista brasileño, el IDV — Instituto para o Desenvolvimento do Varejo realizó una encuesta con la consultora McKinsey & Company que indica que la evasión fiscal en el comercio minorista físico es del 25% al ​​34% y en el digital del 33% al 37% de las ventas (que viene experimentando un crecimiento continuo en la oferta de productos ilegales sin facturas), con valores entre R$ 95 y R$ 125 mil millones.

El Foro Nacional Contra la Piratería y la Ilegalidad recopila datos de 15 sectores productivos (confecciones, combustibles, higiene personal, perfumería y cosmética, bebidas alcohólicas, plaguicidas, TV paga, cigarros, artículos deportivos, anteojos, computadores, software, celulares, audiovisuales, importados). perfumes y juguetes) desde 2014 y la encuesta para el año 2021 muestra que estos sectores tuvieron pérdidas de R$ 205.8 mil millones, lo que sumado a R$ 94,7 mil millones (estimación conservadora de un promedio de 46% de impuestos no recaudados) alcanza el valor de R$ 300.5 mil millones. En comparación con 2014, el mercado ilegal (contrabando, piratería, falsificación y fraude) se triplicó.

Estas cifras de miles y billones de reales relacionadas con las pérdidas de la industria, el comercio y la economía formal nos hacen preguntarnos cuál sería la ganancia para la generación de empleos, ingresos e impulso para nuestro desarrollo e innovación. Un ejemplo simple, agregando la evasión del comercio y la industria indicada solo en las encuestas IDV y FNCP, sería posible financiar 18 millones de subsidios familiares por más de 38 meses con un monto mensual de R$ 300.

Estas proyecciones se limitan a números y lo que se podría generar en ganancias para la sociedad en su conjunto, sin embargo estas pérdidas para la sociedad no se pueden medir solo en valores monetarios, ya que tienen otras consecuencias, ya sea para la seguridad pública, aumento de la corrupción y disminución de las inversiones productivas.

Nuestras fuerzas policiales y del SRI (federal, estatal y municipal) comprueban que con estos recursos retenidos se financian organizaciones criminales, fomentando además el tráfico de drogas y armas.

Por otro lado, el nivel de empleo se ve afectado. Se cerraron fábricas y otras están bajo amenaza, incluido el crecimiento de empresas deudoras persistentes que están estructuradas para nunca pagar impuestos y, por lo tanto, erosionan la competencia. Los sectores de combustibles y tabaco han sufrido con esta acción, pero el sector textil también se ha visto sacudido.

Las diversas caras de la ilegalidad y las operaciones de los deudores persistentes configuran un fenómeno económico criminal, que debe ser atacado por la oferta y la demanda. Oferta, con represión, a través de acciones integradas y coordinadas de las fuerzas policiales y de ingresos.

La demanda, en cambio, está motivada por el precio, que es menor en el ilegal gracias a la evasión y debe enfrentarse a cambios en el sistema tributario. Un ejemplo de lo que se puede hacer es la reciente simplificación del cobro del ICMS a los combustibles, definiendo la tarifa monofásica y única para todos los estados, lo que debería reducir el espacio para los evasores.

De hecho, no podemos subestimar los efectos del mercado ilegal y la consiguiente evasión fiscal. La magnitud de las pérdidas y lo que podría traducirse en ganancias para toda la sociedad demuestran que la ilegalidad debe estar permanentemente en la agenda de los sectores productivos y del poder público, los cuales deben actuar en cooperación en la lucha contra quienes desprecian la ley. Os los daños no pueden ser ignorados, ya que perjudican a todos los brasileños que soportan sus obligaciones y nuestras expectativas para el futuro.

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